26 abril 2011

Observación

No soy una persona fácil.
Esta puede que una de las frases que más me repito a mí misma al cabo del día. Y no me malinterpretéis, con ella no quiero decir que sea una persona más complicada, interesante o compleja que el resto del mundo. No, nada de eso. Con ello quiero decir que poseo una personalidad extravagante, alternante, insoportable y realmente incomprensible. Llena de contradicciones, dudas y miedo. No doy las gracias por ello, pero tampoco me estoy quejando en absoluto (de hecho estoy casi segura de que no sabría lidiar con otro tipo de personalidad) Sólo era una observación, algo obvio que necesitaba decir. Y las personas que me rodean y conocen sabrán que tengo razón. Y si no lo saben, bueno, en ese caso...
Esto es una contradicción en si misma.

07 diciembre 2010

Ignorante.

Lee las últimas palabras, terminando así la línea final del libro. Tras acabarlo lo cierra y lo deja junto a él, en el suelo.
La habitación está sumida en un silencio sepulcral que hubiese puesto los pelos de punta a cualquiera. A cualquiera menos a él, claro está.
Esboza una siniestra sonrisa y acaricia la moqueta sobre la que está sentado, meditando sobre el final de aquella novela de casi trescientas páginas que había empezado hacia un par de horas y que había consumido rápidamente.
Adoraba pensar rodeado de silencio y soledad en la intimidad de su habitación, relajarse en medio de la penumbra creada por las tupidas cortinas que caen frente a los ventanales, devorando la luz solar. En esos momentos puede adentrarse en su propia conciencia, revivir sus memorias, imaginar que hubiese pasado si las cosas hubiesen ocurrido de otra forma y olvidar la crueldad de la vida real, tejida de mentiras y egoísmo por las manos del cruel destino.
No cambiaria esos momentos de soledad por nada.
Bueno, tal vez estaría dispuesto a romper sus ensoñaciones para poder compartir su tiempo con...
-Maaaaaatt!!! -una voz familiarmente aguda recita su nombre desde el pasillo.
Segundos después la puerta se abre de repente, provocando un estruendo, para cerrarse un instante más tarde con otro golpe.
Matt levanta la vista y observa a la intrusa a través de los cabellos oscuros que caen desordenadamente por su frente. La chica camina hacia él con pasos que más bien parecen brincos mientras esboza una amplia y brillante sonrisa que ya le es familiar.
-Hola Matt!-saluda, poniendo un toque musical a la frase mientras se arrodilla en el suelo frente a él sin dejar de sonreír- tu madre me ha abierto la puerta.
Matt se fija en su cabello castaño ligeramente despeinado. Había vuelto a correr hasta su casa, y su madre le había vuelto a abrir la puerta. Claro, es lo que tiene que ella sea su mejor amiga, su madre siempre le abrirá la puerta.
Un momento... mejor amiga? Ese sería el término correcto para definir su relación? Podría considerarla una amiga siquiera?
Habían pasado los dos últimos años juntos. No sabía como había comenzado todo aquello, y ahora su primer encuentro le parecía algo estúpido. Antes los dos solían estar siempre solos, apartados de los demás, y de un día para otro estaban juntos como si lo hubiesen estado desde hacía siglos. Pero no hacían cosas de amigos. No salían a pasear, no iban al cine ni se hacían fotos juntos. Ni siquiera hablaban, pero en realidad tampoco lo necesitaban. Uno podía saber lo que el otro pensaba, lo que el otro sentía, sin necesidad de palabras. Una sola mirada bastaba para comprender todo lo que ocurría, como si tuviesen un extraño vínculo al que ninguno de los dos buscaba explicación.
Así que Matt sabe perfectamente lo que ocurre. Le basta con mirar las mejillas encendidas de su amiga, escuchar su respiración alterada y fijarse en sus brillantes ojos oscuros.
-Te has vuelto a encontrar con él, cierto?
Ella no dice nada al principio, simplemente se quita la mochila que lleva a su espalda y rebusca en ella hasta encontrar un par de bolsitas transparentes llenas de chucherías. Volvió a mirar sonrientemente a Matt.
-Si-responde al fin, tendiéndole una de las bolsas-Me lo he encontrado cuando he ido a compararte esto. Como lo sabes?
Él agarra el paquete y sonrió burlonamente.
-Tienes esa cara de tonta que se te pone siempre que le ves.
Ella frunce el ceño y se cruza de brazos.
-No tengo ninguna cara de tonta!
Matt pone los ojos en blanco y abre la bolsa desatando el nudo sin dejar de sonreír.
-Además tú que sabrás-ella abre su propia bolsa, pero rasgando el plástico-ni siquiera sabes lo que es el amor.
Matt borra la sonrisa de su rostro y se recuesta en el suelo, sobre la moqueta. Pasan unos instantes de silencio antes de que su voz rompa el silencio.
-El amor?-repite- El amor es un detestable sentimiento que consume a los humanos.
Ella le mira con curiosidad, incitándole a continuar, mientras devora algunas de las chucherías.
-El amor es capaz de destruir cualquier cosa, pero también puede crear cosas hermosas donde no las había. Una persona atrapada por este sentimiento no piensa nada más que en aquello que ama. Siente que no podría vivir si lo perdiera, y es por ello que preferiría dar su vida antes de que eso ocurriera -hace una pausa para comer una tira de regaliz- Pero una persona enamorada se convierte en una persona estúpida. Cree que es capaz de morir si no puede estar junto a la persona que ama, y también sufre por ello cada instante del día que pasa alejado de ella. Y curiosamente es el mismo amor que le mata el que le mantiene con vida, haciendo latir su corazón-sujeta una gominola el lo alto para mirarla a trasluz durante unos segundos- Es estúpido, si… por que el amor no sirve para nada más que para sufrir-se come la gominola y se recuesta sobre la mullida moqueta, sintiendo como las oscuras fibras de esta le acarician el cuello- por que las personas sufren cuando no tienen aquello que desean… cuando no son correspondidos en el amor, cuando saben que la persona por la que darían la vida no estaría dispuesta a hacer lo mismo y son conscientes de que nunca obtendrán lo que esperan y ansían con todas sus fuerzas. Necesitan comunicarse con la persona a la que aman, saber que son felices, y en caso de que no sea así, hacerles sonreír. Necesitan saber que están bien en todo momento, asegurarse de que esa persona nunca llora, y en caso de que así sea, contagiarse con su pena. Una persona enamorada no encuentra defectos en su fetiche, y pasa el día pensando en él… se hace totalmente dependiente, y eso es tan… deprimente y penoso…
Matt deja de hablar para buscar una fresa en la bolsa. Cuando la encuentra levanta la cabeza, y se encuentra con la mirada de su amiga. Es una mirada severa, rencorosa, molesta y tal vez triste. Abre los labios para preguntar por que demonios le está mirando así, pero ella se adelanta.
-Se puede saber por que dices siempre cosas tan horribles? El amor no siempre es así! No es penoso! No es deprimente! Y… puede ser correspondido, sabes?
Matt chasquea la lengua y sonríe.
-Sigue siendo un sentimiento detestable.
Ella gira la cabeza en dirección opuesta con un suspiro de inconformidad, pero Matt continua hablando.
-Cuando es correspondido es aún peor. Una persona rechazada puede, con el tiempo, abandonar la obsesión que siente por aquello que ha amado, si bien nunca llegará a olvidarlo. Puede dejar de sufrir. Una persona que es correspondida… está condenada a sufrir por diversas causas, ya sean celos, miedo a perder la relación u otras cosas. O peor, imagina que hay dos personas que se quieren pero que no puedan estar juntas.
Ella le mira. Parece estar meditando sobre ello.
-Eso no es…
-Qué?-Matt se incorpora levemente- crees que no es posible? No seas tonta, que dos personas se quieran no quiere decir que todo tenga que terminar bien. Imagina que les separa una gran distancia o que-deja de hablar de golpe cuando recibe el impacto de una bola de chocolate. Frunce el ceño y mira a su amiga.
-No vuelvas a llamarme tonta-baja la cabeza- Además, no importa la distancia que hay entre dos personas. Si se quieren de verdad continuarán amándose a pesar del espacio que les separe.
Matt vuelve a recostarse sobre el suelo sonriendo burlonamente.
-Has leído demasiadas novelas cursis con final feliz.
-Y tu demasiadas tragedias donde todo el mundo muere.
-Puede ser… pero la vida real no es más que una tragedia. Y el amor es lo más cruel que existe, tanto si es correspondido como si no. Sería mejor si no existiese ese sentimiento… -observa a su amiga, que parece meditar lo que él le dice mirando al suelo- Y creeme, será mejor que te olvides de ese chico… si no te quiere ahora no te querrá nunca, y si lo hace será por que no tiene a nadir mejor a quien querer. Si te enamoras hasta el punto que te hiciera daño hasta pensar en él tendría que cargar yo con tus llantos, y no me apetece tener que…
-Cállate!-la chica grita de repente.
Matt levanta la vista y ve que ella se cubre el rostro con las manos. Sus hombros se convulsionan ligeramente y unas gotas transparentes reflejan la poca luz de la estancia antes de caer sobre el suelo de entre sus dedos. Frunce el ceño al descubrir que está llorando.
-Oye…-comienza.
-No! Cállate…-murmura entre los jadeos que le provoca el llanto, ahora más exagerado, pero igual de silencioso- se que no tienes razón… no la tienes… tu… tu ni siquiera has amado nunca a nadie, no es posible que sepas nada… solo lo dices por que eres un ignorante.
Él se incorpora y rodea sus rodillas con los brazos antes de sonreír.
-Un ignorante?
Ella no quiere escucharle. Intenta auto-convencerse de que nada de lo que él ha dicho es verdad, auque en el fondo piensa lo mismo, y el pensamiento de que nunca será correspondida le corroe, pero las palabras de Matt siguen resonando en su cabeza, como un cruel fantasma de la realidad que ella había intentando ocultar.
De pronto siente una mano sobre su hombro y levanta la cabeza. Se sorprende al encontrar el rostro de Matt a escasos centímetros del suyo.
-Dices que nunca he amado a nadie… -Le seca las lágrimas de la cara con el dedo pulgar en un gesto de ternura impropio de él, observandola fijamente con aquellos ojos castaños de extraña mirada y después su mano acaricia su cuello, empujándola hacia él.
Y entonces sus labios se unen.
Son apenas unos segundos los que los mantienen unidos, pero bastan para que ella se sonroje mientras que él acaricia su pelo suavemente y aprieta sus labios sobre los suyos. Después él se separa lo justo para poder hablar, y lo hace rozando su boca, esbozando aquella sonrisa socarrona que le caracterizaba.
-Tal vez la ignorante seas tú.


12 octubre 2010

Confesión.

Termino de cepillarme el pelo y me miro al espejo. No veo nada diferente a las otras veces, siempre es la misma persona, llena de defectos, de inseguridad y además patosa. No soy nada especial, no llamo la atención entre las demás chicas, no soy mejor que ellas y tampoco tengo la intención de serlo.
Tampoco es que quiera darme pena, ya me he dado suficiente últimamente, y no quiero que continúe así. Se supone que me tendría que dar ánimos, decirme “tu vales mucho, cómete el mundo”, como hace tanta gente, pero hay un problema: soy completamente incapaz de creerme mis propias mentiras.
Así que intento desconectar, ignorar el torbellino de emociones que hay en mi cabeza, la horrible sensación de mariposas en el estómago y las rápidas palpitaciones que siento en el pecho.
Por que hoy se lo voy a decir.
Si, después de mucho pensarlo he decidido que o se lo decía y veía que pasaba o me volvía loca.
Además, está toda esa gente que me ha animado, que me ha dicho que tengo posibilidades y que me ha hecho ilusiones.
Ahora solo espero que tengan razón.

Tres horas después camino en su dirección. Veo su figura de lejos y suspiro. Él siempre me hace suspirar. Lo sé, suena cursi, pero así es y así soy yo, cursi.
El viento revuelve su pelo oscuro y la luz brilla a su alrededor. Es perfecto.
“Si, perfecto, demasiado para ti”
Y ahí está otra vez, esa voz que pensaba que había hecho callar pero que sigue retumbando débilmente en mi cabeza para evitar que cometa esta estupidez.
Pero tengo que decírselo. Tengo que decirle que ocupa mis pensamientos todo el día, que todo a mí alrededor me recuerda a él, que es lo único que me importa, que daría cualquier cosa por poder abrazarle solo una vez para poder sentir el aroma de su piel, y que me duele amarle tanto sin saber si hay una posibilidad de que él me corresponda.
“Te vas a arrepentir…”
Sacudo la cabeza y continúo caminando. Ahora está solo, es el mejor momento.
“No lo hagas…”
Acelero. No quiero dar la vuelta. No quiero continuar así, sin saber si él…
“Sabes lo que va a pasar si lo haces. No es la primera vez…”
No, pero esta es diferente. Ellos me han apoyado, me han dicho que puedo conseguirlo.
“Ellos no son los que van a sentir como el corazón se les quiebra en el pecho”
Basta, no quiero escuchar más. Continúo el ritmo apretando los puños, acortando la distancia, hasta que por fin te tengo enfrente.
Me miras. Te preguntas que pasa, y que hago yo aquí. Abro la boca para explicártelo, pero no puedo decir nada.
Tu pelo, el brillo de tus ojos, tus movimientos… todo es tan familiar, y tú no sabes nada de mí.
Durante un segundo estoy a punto de dar la vuelta y correr, escapar, encerrarme en mi habitación y no salir en unos años. Pero ahora ya estoy aquí, y no hay marcha atrás.
Sonríes, y me parece como si supieses lo que te voy a decir y te burlases de mí. Aún así comienzo hablar, y no paro hasta que digo todo lo que tengo que decir, todo lo que siento, lo que te necesito y lo que significas para mí.
Hay unos instantes en los que el silencio se me hace insoportable. Me pregunto si el tiempo se ha parado cuando pones una mano sobre mi hombro y me haces despertar. Sonríes de nuevo, esta vez alzando una ceja.
¿Ha salido bien?
“más quisieras”
Me hablas con familiaridad, como si ya supieses desde hace tiempo lo que siento por ti, como si sintieses pena, como si lo que te he dicho no te importase.
-Lo siento, no eres mi tipo. Pero seguro que encuentras a alguien.
Apenas me da tiempo a asimilar las palabras antes de que te marches sin decir nada más.
Todo queda suspendido en el aire. Siento que me ahogo, y comprendo que estoy aguantando la respiración sin saber por que. No puedo escuchar nada, no puedo sentir nada, solo miro como te marchas.
“Te lo dije”
La voz suena segura dentro de mí. Se regocija por tener razón.
Entonces todo pasa de golpe. Las piernas me flaquean, el corazón se parte, la cabeza me estalla y algo me quema en los ojos.
Son las lágrimas que luchan por salir. Aquellas que he derramado otras veces.
“Te lo dije”
Quiero gritar, golpearme, decirme que soy una estúpida que creyó una vez más en lo que no existía y que se inventó señales.
Pero sobretodo quiero dejar de sentir como el corazón sigue latiendo y rompiéndose a la vez.
“Te lo dije”
Has desaparecido. Tu. La perfección. Y yo… alguien de aspecto normal. Alguien por debajo de lo que se considera normal.  ¿Y tenía esperanzas? ¿Cómo he podido siquiera planteármelo?
Ahora solo queda una cosa de ti.
Y es dolor.


Despierto sobresaltada, mirando en todas direcciones. El corazón me late desbocado, algo grita en mi cabeza y tengo las uñas clavadas en la almohada.
Me doy cuenta de que todo ha sido un sueño -una pesadilla- y suspiro aliviada.
Nada ha ocurrido, es de noche y la oscuridad me envuelve, incitándome a continuar soñando. Vuelvo a tumbarme, sonriendo y sintiendo como las lágrimas dejan surcos humedos en mi piel.
Ahora se que nunca debo decirte nada.
Ahora se que jamás me ilusionaré.
Ahora se que las oportunidades nunca se me presentarán.
Después de todo… yo solo soy yo.

10 agosto 2010

Criaturas II

Con cada paso que daba, las punzadas del hambre le torturaban un poco más. Se calmó a si mismo pensando que tan solo cinco metros le separaban de su objetivo.
Comenzó a agazaparse ligeramente a la vez que sonreía malévolamente. Su encanto vampírico actuó deprisa, y en menos de dos segundos la chica ya le miraba directamente a sus profundos ojos negros.
No esperó más. Saltó de repente, con la rapidez de un rayo, sobre la joven.
Pero algo fue más rápido que él. Un destello plateado apareció por el límite de su visión, y sintió un golpe seco en el pecho, seguido de otro en la espalda. Tardó en comprender que había caído bruscamente de espaldas sobre el duro asfalto, con fuerza suficiente como para robarle el aliento, si lo hubiese tenido.
Se incorporó rápidamente, y una punzada de dolor le atravesó el pecho. Bajó la vista, y vio que la camisa había sido rasgada, y bajo ella asomaba un tajo sangrante que cruzaba su torso. El líquido escarlata contrastaba con la piel blanquecina como un la luz de un faro en la oscuridad. Alzó la mirada hacia la chica, con una mueca agresiva. Los labios se le habían hecho hacia atrás, mostrando  sus puntiagudos dientes, y sus largos y afilados colmillos. Las pupilas se habían dilatado, causando el efecto de que sus cuencas habían sido llenadas de oscuro alquitrán. 
Sin embargo, la chica no se mostró horrorizada, asustada, ni siquiera un poco intimidada. Estaba de pié ante él, sosteniendo en la mano un látigo de metal manchado de sangre que centelleaba bajo la luz pobre luz de las farolas con gesto amenazador.
-Bastardo animal-le dijo en tono severo- sabes que los de tu especie no podéis cazar mundanos… aunque…-repentinamente, su tono cambió a uno socarrón- con esa escusa, podré patearte el pálido trasero un rato.
La criatura, presa de la furia y la cólera, comenzó a acercarse con pasos lentos, pero furtivos. Ella dio un paso atrás.
-Eh… vale, no es para que te pongas así… Apuesto a que lo que te pasa es que tienes sed. Yo también –sacó una pequeña botella llena de agua de la pequeña mochila negra que llevaba colgando de un brazo y se la acercó a los labios- no hay nada mejor que poder calmar la sed con un poco de agua, ¿no te parece?-dio un trago, y le tendió la botella al vampiro- ¿quieres? ¿No? Uhm- se encogió de hombros, y, tras dar un par de tragos más, se echó el resto de líquido encima, empapándose.
La criatura no paró a pensar a cerca del extraño comportamiento de la joven. A veces, sus víctimas sentían tanto pánico que hacían cosas extrañas, no era ninguna novedad. Aunque ninguna de ellas se había atrevido nunca a plantarle cara con un látigo, y por ello, él le obsequiaría con una muerte más lenta y dolorosa de lo habitual. 
Pensó como se sentiría cuando la sangre de la chica bajara por su garganta, y el hambre se hizo insoportable, dándole la suficiente fuerza como para saltar sobre su víctima otra vez, tan rápidamente que cualquiera que le hubiese visto no podría haber captado más que una sobra en el aire.
Pero no cayó sobre ella, sino justo detrás. Rodeó el cuello de la chica con los brazos antes de que ella pudiera girar sobre si misma y buscó un hueco para morderla. Le sorprendió comprobar que ella no oponía resistencia, y durante un instante se preguntó si la había asfixiado, o si le habia partido el cuello.
Desechó la idea cuando sintió latir su corazón bajo el pecho, y la sangre fluir por sus venas a ritmo constante. Algo dentro de su mente gritó, y bajó la cabeza para poder poner fin al vacío de su estómago.
Sintió la cálida piel con los labios, y la rozó con los colmillos… antes de sentir un dolor que le abrasaba la cara y los brazos. Siseó como si se tratara de un gato enfadado, y dio un paso atrás. Se acarició la cara, que parecía estar ardiendo, mientras emitía lastimeros gemidos.
La chica chasqueó la lengua.
-Si… es lo que tiene el agua bendita, no os suele sentar muy bien. Pero yo siempre llevo una botella, por que calma la sed la mar de bien.
La criatura nocturna intentó regenerarse, pero estaba demasiado hambriento para eso. Sabía que si no ingería sangre en poco tiempo, terminaría por morir, a causa de las heridas que aún seguían abriéndose sobre su piel mojada.
-Seguro que ahora te estarás preguntando por que diablos no optaste por la sangre animal, como hacen todos los chupasangres que respetan la ley-hizo una pausa, y rió ligeramente-. Un conejo no te hubiese hecho eso en tu hermoso rostro vampírico.
Desesperado, el vampiro utilizó sus últimas fuerzas para correr hacia la chica, con las garras extendidas, lanzando un sonido fiero desde el fondo de la garganta. Un chasquido partió el aire en dos, y el látigo plateado le rodeó las piernas, haciéndole caer de nuevo.
-Debería dejarte morir, o entregarte a algún cazador de sombras… pero yo tampoco me llevo muy bien con la ley, así que…
Volvió a rebuscar en la mochila, y sacó una especie de bolsa de plástico, que arrojó al lado del vampiro, a la vez que recuperaba su látigo de un fuerte tirón.
-Intenta no matar a nadie…la gente de esta ciudad ya tiene demasiados problemas.
Los oscuros ojos de la criatura siguieron con la mirada a la chica, mientras se alejaba caminando calle abajo, a paso ligero. Cuando su esbelta figura se perdió entre las sombras, le echó un vistazo a lo que ella había arrojado a su lado.
Una bolsa llena de sangre animal.



08 agosto 2010

Dilemmas. I hate it. X

La puerta estaba cerrada, como siempre, y las llaves estaban pérdidas entre todos los trastos que había en mi bolso. Pero claro, para poder encontrarlas, necesitaría recuperar mi mano, a la que Strify seguía aferrado mientras me miraba sin pestañear y se balanceaba suavemente.
-Strify… me devuelves mi mano?-pregunté riendo.
Él miró nuestros dedos entrelazados, y después volvió a fijar la vista en mí. Parecía estar pensándoselo, pero al final me soltó, y pude comenzar a rebuscar en mi bolso. Supongo que la tarea en sí parecía interesante, por que tuve su par de ojos de cristal clavados en mí todo el rato. Y las malditas llaves… donde diablos se habían metido??
-Puedes sujetarme esto un momento, por favor?-le dije a Strify a la vez que le pasaba la cartera, el móvil, el estuche de manicura y un par de cosas más que abultaban mucho.
-Claro…-dijo él, riendo.
Creo que encontré las llaves en tan solo un par de minutos. Después volví a meterlo todo.
-Gracias.
-No hay de qué.
-Creo…que tienes de todo ahí dentro.
-No… hay una cosa que no tengo…
Él levantó una ceja.
-Cual?
-Orden.
Sonreí para mí misma mientras me volvía para abrir la puerta. Si, está bien, el chiste era malísimo, pero tenía que decirlo. Cuado la puerta estuvo abierta, puse un pié en la junta para que no se cerrara y me di la vuelta. Strify estaba quieto, tal como se había quedado después de que le respondiera, con la boca semi abierta, y los ojos ligeramente contornados. Incliné la cabeza, pero él no se movió. Comenté a inquiéranme. God, a ver si me lo cargué con el chiste. Me estaba preocupando seriamente cuando de momento enfocó la mirada otra vez, antes de comenzar a descojonarse. Su aguda risa rebotó en el portal, formando eco. Seguramente si alguien que bajaba por las escaleras la había escuchado, se le hubiesen puesto los pelos de punta, pero a mí, personalmente, me parecía una risa encantadora.  De pronto se puso serio y se apartó la greña de los ojos. Estaba rojo de reírse.
-Vale, no lo había pillado.
En ese momento fui yo la que me descojoné. Mi risa, que no tenía nada que envidiar a la escandalosa de la de Strify, también rebotó por el portal. Por suerte, pude calmarme en unos segundos, justo a tiempo para ver que Strify me estaba mirando con media sonrisa en los labios. Sentí como me ponía roja.
-Qué?
-Por fin he encontrado a alguien que se ríe como dios manda-dijo con voz hueca, como si estuviera pensando- me gusta.
Bien, entonces yo me puse más roja aún, y él también, al darse cuenta de lo que acababa de decir.
-Lo mismo digo-sonreí, para quitarle importancia, supongo.
El sonido de una puerta al cerrarse bajó rebotando por las escaleras, hasta el portal.
-Bueno… uhm… te llamaré-dijo Strify, recuperando la serenidad.
-Eso espero. Gracias por la comida, Strify-dije, sin dejar de sonreír.
Titubeé unos segundos. Aquél era el momento en el que supuestamente tenía que despedirme de él… tal vez la mejor forma de hacerlo fuera con un beso… pero un beso en la segunda cita… iba en contra de muchos de mis principios. Si, está bien, llámame ñoña o lo que tú quieras… pero a estas alturas ya deberías tener asumido que soy así.
Bueno, en fin, lo que hice fue inclinarme y presionar un beso en su mejilla, perfecta, y extrañamente suave.
-No hay de qué-respondió, sonriendo.
-Adiós, Strify.
-Adiós, Amy.
Antes de cerrar la puerta le miré por última vez. Le miré directamente a sus ojos perfectos, y pude leer algo en ellos, por que con aquella mirada me dijo muchas cosas. Me dijo que podíamos tener futuro, que aquel contacto podía ser uno de los que podíamos tener, y que él nunca me dejaría si le permitía estar a mi lado. Palabras entonces mudas que más tarde me serian confirmadas.
Comencé a andar por el portal, obligándome a no mirar atrás, por que sabía que si no encontraba a nadie a través del cristal, podría sentirme ligeramente deprimida.
Espera… deprimida? Por dios! Acababa de pasar un rato genial con un chico maravilloso y perfecto, habíamos hablado de todo, y me había acompañado a casa. Y lo mejor de todo es que a él le gustaba estar con migo.
Subí alegremente hasta la entrada de mi piso. Cuando me disponía a meter la llave en la cerradura, la puerta se abrió ante mí. Luk estaba allí, con una enorme sonrisa, y las cejas extrañamente inclinadas. Expresión resultante: pervertido. Yo levanté una ceja, un poco confundida, y él me agarró del brazo y me arrastró hacia dentro. Cuando me di cuenta, estaba en el sofá, y Luk a mi lado, mirándome con estrellas en los ojos y las manos agarradas delante del pecho.
-Eh…-pude decir.
-Ahhh!!! Oh my God!!-dijo de pronto, haciéndome saltar, y me pellizcó una mejilla-que cosa más mona!!
-Lucas, Lucas!!!-Exclamé, intentando quitármelo de encima- se puede saber que es lo que te pasa??
-Como que qué me pasa?-dijo riendo, y carraspeó para cambiar el tono de voz para imitar a Strify-“ Por fin he encontrado a alguien que se ríe como dios manda”
Noté como la sangre acudía a mis mejillas y bajé la vista.
-Ah… eso…-entonces caí en algo- espera!!?? Nos has estado espiando por el telefonillo??-Él asintió, intentando disimular- Lucas! Cotilla!
-Bueno, bueno, bueno, bueno… y que más da? Dios! Ha sido precioso! Me tienes que contar como fue la cita de principio a fin, sin omitir ni un solo detalle!
-Pues…
-Espera!! Te ha besado, eh? Te ha besado?
-No! Solo es la segunda cita!
Luk hizo cara de decepción, pero después sonrió ampliamente.
-Oh… encima es romántico… hombres como esos hay pocos, querida… Bueno, cuéntame!
-Bueno, pues…
-Espera! Donde te ha llevado?
Yo no pude evitar reír. Él estaba incluso más nervioso que yo. No paraba de dar botes en el sofá y hacer palmas.
-Luk! Contrólate! Me estás poniendo de los nervios!
-Lo siento-dijo, quedándose un poco más quieto-pero es que quiero saberlo y no me lo cuentas!
-Eso estoy intentando, loco, pero es que parece que te hayas bebido tres litros de café.
-En realidad solo fueron dos-murmuró.
-A ver… fui a su apartamento y allí estaban Kiro y… Yu.
-Yu? Está bueno?
-Bueno, no se como se lo montan, pero todos ellos son… tremendamente apuestos.
-No será gay, no?
-Creo que ninguno de ellos es homosexual, Luk…-dije, y puso cara de fastidio- pero por lo que sé, Kiro es bisexual.
Rápidamente, su cara cambió de nuevo, y volvió a sonreír y a saltar como un eufórico.
-Bueno, ya hablaremos de Kiro más tarde. Ahora cuéntamelo todo todo todo! Ya!
Tardé por lo menos una hora en contarle la cita. Algunas veces me tocaba remontar para repetírselo todo más detalladamente, como él pedía. Sin embargo, la realidad es que contárselo todo me ayudó a calmarme bastante. Cuando terminé de hablar, mis labios estaban en llamas. Pero no por la larga conversación en sí, si no por que recordaba el contacto con la suave mejilla de Strify. No pude evitar pensar que si con un beso como aquél ya sentía esas cosas… como habría sido un beso en los labios…
A la mañana siguiente, Lucas me despertó, más o menos. Golpeó la puerta varias veces gritando como un histérico antes de entrar en la habitación dando saltos. Me incorporé de golpe, y sentí una punzada en la cabeza. Intenté ignorarla, pensando que había sido a causa del repentino despertar que mi compañero me había regalado,  y me concentré en intentar entender lo que estaba gritando. Mi cerebro aún estaba dormido, pero por suerte vi que tenía un teléfono en la mano.
-Es él! Tu príncipe azul!

~ · ~ ·  ~
Bueno, tenía la historia abandonada, y aún 
me quedaba algo escrito para subir. 
Así que... aquí está. Y si os pensabais que os habiais
librado de Amy y sus dilemas, lo siento, pero aún 
quedan historia por delante.
Si lees, comentas ^3^

07 agosto 2010

Criaturas

El cielo estaba limpio aquella noche, gracias a las lluvias que se habían encargado de eliminar parte de la suciedad que flotaba en el ambiente de una gran ciudad como aquella, dejando la cúpula celeste lo suficientemente despejada como para ver las estrellas brillar –en lugares donde la contaminación lumínica lo permitía- como débiles luciérnagas atrapadas en un mar de tinieblas.
Además, las lluvias dejaron tras de sí el frío que precedía el invierno, ahuyentando a los transeúntes que algunas veces se aventuraban a pasear en las horas oscuras del día.
Así pues, las calles eran tranquilos cementerios de asfalto dominados por el silencio y la tranquilidad, que solo se veía turbada en el centro, al ser rasgada por la sirena de alguna ambulancia o de un coche patrulla, o por el tráfico, que aunque más ligero a aquellas horas, no podía desaparecer jamás.
Después de todo, aquello era New York.
Pero incluso New York había zonas que quedaban totalmente desiertas a las afueras de la ciudad, calles que quedaban devoradas por la oscuridad, y callejones que amparaban con su profunda oscuridad a diabólicas criaturas.
Criaturas que no se sentían intimidadas pr las glaciales acuchilladas del viento ni por las tinieblas que paseaban libremente, adueñándose de aquellas horas, y que no dudaban en abandonar sus escondites diurnos para saciar la sed de muerte, sangre y caos que torturaban sus corrompidas mentes.
Una de ellas salió del almacén abandonado donde solía resguardarse de los mortíferos rayos del sol. Notaba el vacío en su estómago, el dolor del hambre le corroía las tripas. Estaba peligrosamente hambriento.
La luz de la luna se reflejó en él, provocando que su pálida piel brillara fantasmagóricamente, y añadiendo en sus ojos oscuros como pozos sin fondo un brillo sobrenatural. Comenzó a deambular por las calles, ágil como un gato, silencioso como una sombra, en busca de algo –o alguien- que llevarse a la boca.
Tuvo suerte, no tardó mucho en localizar a una bonita chica que caminaba sola, con paso ligero. Olfateó el aire, y sintió el olor de su sangre, corriendo por sus venas bajo la piel morena. Sangre joven, limpia, tibia, nutritiva y dulce.
 
Se deshizo de las sombras que le habían mantenido oculto y caminó hacia ella.
Algunos de sus hermanos permanecían escondidos, acechando, y saltaban sobre su presa cuando esta pasaba cerca, ignorando el peligro al que se habían expuesto. A él, aquella clase de tácticas le parecían absurdas.
La naturaleza les había obsequiado una belleza sobrenatural, un encanto hipnótico, un halo misterioso que era capaz de capturar a cualquier humano al que se acercara.  Y él lo aprovechaba. Caminaría hacia ella, y esperaría hasta el momento en el que se cruzaran. En cuanto la mirada de la chica se encontrara atraída por la suya, saltaría sobre ella, para clavarle los afilados colmillos, y entregarla a las frías garras de la muerte.

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Bueno, que conste que esto es un  experimento que escribí en 
una libreta (presa del aburrimiento) y que no me gusta nada 
escribir en papel, asi que no me lo tengais mucho en cuenta, please.
No obstante, agradeceré comentarios. ^w^

24 julio 2010

Flores sobre mi tumba.

Pero no se lo puedo decir, no puedo intentar explicarles, serían incapaces de comprender mi punto de vista. Me llamarían loca, desquiciada, suicida y amargada. Se lamentarían de mí, e intentarían evitar que pusiera fin al sufrimiento que me corroe por dentro y por fuera, como si se tratara de una corriente de agua que poco a poco va desgastando las rocas, hasta que solo queda de ellas el vacío del olvido.
Así que es mejor dejar que continúen derramando amargas lágrimas por mi causa, si, es mejor dejarles llorar, como el cielo, que también viste de luto hoy, cubierto de nubes negras que oscurecen el día, creando una oscuridad que atormenta los corazones que aún continúan latiendo, infundiéndoles temores, y despertando pesadillas que no deberían volver hasta la caída de la noche, cuando, amparadas por las sombras, podrían germinar en el subconsciente de aquellos que las temen.
Pero aunque mi corazón también late, la oscuridad no me atormenta, púes late sin sentido, dedicando únicamente a bombear mi sangre, sangre que hubiese dado por ti, al igual que mi alma, mi cuerpo y mi vida, siendo capaz de haber firmado un pacto con el temido Satán para que me permitiera estar a tu lado por toda la eternidad.
Pero ahora te has ido.
Te has esfumado, como las sombras nocturnas al nacer el so, como el humo al pasar entre los dedos de una mano, como la niebla que se desvanece ante la impotente mirada de unos ojos que lloran, cegados por el dolor que se desborda en ellos transformado en lágrimas.
Y a pesar de todo, a pesar de que te llevaste contigo mis ganas de vivir, a pesar de que al marcharte convertiste mi vida en un oscuro pozo de desesperación, donde tendría que caminar a tientas sin tu luz… a pesar de todo, no te guardo rencor.
No, no te lo guardo, y deseo que seas capaz de sobrevivir a este cruel mundo que puede ofrecerte los mejores placeres, y arrebatártelos sin piedad, sin importarle que lo merezcas o no.
Y deseo que ella sea capaz de hacerte feliz, como yo creí que te hacía, que sea capaz de extinguir tu sed con sus labios, que te deje beber de ella como tantas veces yo lo hice.
Por que  al fin y al cabo…  aquellos días sentí lo que nunca seré capaz de experimentar de nuevo, nadé en un néctar que jamás me será ofrecido otra vez… y eso por eso que no quiero seguir viviendo.
Puede parecer un concepto egoísta, pero creo que soy libre de hacer lo que me plazca con mi propia vida… incluso acabar con ella.



El ataúd comienza a descender bañado por la lluvia, que no es capaz de limpiar las heridas de mi alma.
Echo una última mirada a través del cristal incrustado en la madera a la gente que me tuvo algún cariño, y que hoy asiste a mi entierro en vida, aunque sean inconscientes de ello.
Por que es imposible vivir con el corazón roto, pero es también imposible vivir cuando te han apuñalado el alma.
Escucho un sonido sordo cuando la primera pala de arena, húmeda y blanda, cae sobre el que será mi lecho eterno, rodeado de tierra, donde mi pena y mi dolor quedarán ahogadas.
Ya falta poco, y cierro los ojos para sumirme ya en la que será mi compañera eterna, la imponente oscuridad, mientras el oxigeno se consume lentamente, sumérgiendome en un sueño cada vez más profundo.
Intento emplear mis últimos minutos de consciencia para preguntarme si alguien me echará realmente de menos, como yo te hecho a ti… Y no puedo evitar pensar:vendrá alguien a dejar flores sobre mi tumba?


Me salió muy del romanticismo, no?
Bueno, el próximo, será mas 
alegre,I promise.